1
Erase una vez o tal vez muchas veces, que para el caso es lo mismo
porque eran muchas veces en una sola, pero, no muchas veces combinadas
sino más bien muchas veces mescladas, apelotonadas asquerosamente en una
sola. En una sola en la que las horas decidieron pegarme, pegarme hasta
destruirme la alegría, pegarme cada sesenta minutos hasta desfigurar mi
felicidad y convertirla en tristeza. Tanto me pegaron las horas que ya
ni ganas de leer me quedaron.
Mi refugio de libros no podía protegerme ya.
Solo se me ocurrió buscar el remedio a mi amargura en el fondo de
algunas botellas o al menos encontrar en las bebidas el abrazo de
Tánatos por unas horas.
De tanto beber llegue al momento en que ya no entendí nada, o
no entendí todo. La verdad que no sé, pero, al final ya no entendí, al
final ya era el final.
2
Cuando desperté todo parecía una parodia del infierno, claro que, solo
una parodia ya que el infierno no es solo caos, es la tierra del primer
revolucionario, el primero que se rebeló contra la monarquía. Un día
tendríamos que hablar algunas cosas él y yo. Deberíamos hablar de
teología, de historia de la humanidad, de la literatura y de las
películas en las que él aparece y muchas cosas más.
Después de bañarme y desayunar me fui a comprar algunos libros.
Antes de comprar libros recuerdo siempre esa idea de Nietzsche de que
los libros ara todos son libros que huelen mal: El olor de las gentes
pequeñas se adhiere a ellos en esos lugares donde el pueblo come, bebe y
rinde culto.
Por eso compro mis libros solo en unas pocas librerías,
ya ni si quiera en las librerías de la universidad compro libros.
3
Cuando la hora se acerco me fui a trabajar. Mis trabajos son aburridos
como todos los trabajos (hasta lo más divertido se vuelvo soporífero
cuando uno lo toma como su profesión) pero cuando uno se vuelve tedioso
ya es hora de ir al otro y así voy haciendo de mi vida algo medianamente
soportable. Profesor de filosofía unas horas y al rato comisario.
Me gusta explicar las teorías sobre la educación de
Bakunin, solo muy pocos de mis estudiantes se percatan de que cuando
Bakunin habla de la educación como opresión se refiere justamente a mí, a
veces creo que soy mas opresor cuando soy profesor que cuando soy
policía.
Los policías generalmente no son opresores. Son
vulgares, corruptos, violentos, degenerados, facinerosos y abusivos
pero no represores. De hecho en todos mis años como comisario jamás tuve
que iniciar una represión. Las represiones las hacen los gobiernos
-Los gobernantes son unos perversos que siempre piensan en como derramar
la sangre de los demás pero sin ensuciarse ni ensuciar su imagen- eso
no le importa a la policía mi subordinados simplemente van y golpean, yo
ya solo lo hago cuando paso mucho tiempo sin hacer nada interesante.